LOS CIUDADANOS BUSCAN REFUGIO EN EL DÓLAR
La caída del rial tiene una dimensión que va mucho más allá de los mercados financieros. Para los ciudadanos iraníes, la moneda nacional representa sus salarios, ahorros y capacidad para comprar bienes y servicios.
Cuando la población percibe que mantener dinero en riales supone perder valor rápidamente, aumenta el incentivo para convertir los ahorros en monedas extranjeras o activos considerados más seguros.
La desesperación económica se refleja en testimonios recogidos en Teherán. Sadegh Mahmoudi, de 73 años, declaró a Associated Press mientras esperaba en una casa de cambio que no veía perspectivas de acuerdo ni de paz.
Este tipo de testimonios refleja el creciente pesimismo de sectores de la población ante una crisis que combina factores económicos y militares.
WASHINGTON AUMENTA LA PRESIÓN
La depreciación del rial coincidió con una nueva ofensiva económica de la administración de Donald Trump.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anunció el 24 de agosto una expansión de las sanciones secundarias contra Irán.
La estrategia busca presionar no solamente a empresas iraníes, sino también a países y compañías extranjeras que mantengan determinadas relaciones comerciales con Teherán.
Entre los sectores bajo mayor presión figuran las criptomonedas y activos digitales, tecnología, oro, aviación y transporte marítimo. Washington también advirtió que los socios comerciales de Irán podrían perder acceso al sistema financiero estadounidense si continúan realizando determinadas operaciones con la República Islámica.
La amenaza es particularmente importante porque el sistema financiero internacional continúa dependiendo en gran medida del dólar.
Para muchas instituciones financieras y empresas internacionales, perder acceso al sistema financiero estadounidense puede resultar mucho más costoso que abandonar determinados negocios con Irán.
Sin embargo, las nuevas medidas no constituyen un bloqueo absoluto e inmediato de toda la economía iraní.
Según el Financial Times, Washington ha establecido plazos para que algunos países y entidades reduzcan sus relaciones económicas con Irán y, por ahora, ha evitado algunas de las medidas más extremas contra importantes socios comerciales iraníes.
EMIRATOS ÁRABES UNIDOS CIERRA UNA DE LAS PRINCIPALES VÍAS COMERCIALES DE IRÁN
Uno de los golpes más importantes para Teherán llegó desde el Golfo.
El 19 de agosto, Emiratos Árabes Unidos anunció la suspensión, hasta nuevo aviso, de las relaciones comerciales, intercambios mercantiles y transacciones financieras con Irán.
Abu Dabi justificó la decisión por la escalada militar regional y por el lanzamiento de misiles que las autoridades emiratíes atribuyeron a Irán.
La medida es especialmente significativa porque Emiratos había desempeñado durante años un papel fundamental como centro comercial y de reexportación para Irán.
Incluso bajo las sanciones estadounidenses, empresas iraníes utilizaban canales comerciales vinculados a Emiratos para acceder a productos, servicios y mercados internacionales.
Associated Press señaló que el comercio entre ambos países había superado los 28.000 millones de dólares, lo que da una idea de la magnitud del golpe potencial provocado por la suspensión.
Para una economía ya sometida a fuertes restricciones financieras, perder simultáneamente acceso a canales comerciales y financieros puede tener consecuencias mucho más profundas que una simple reducción del volumen de importaciones.
EL ESTRECHO DE ORMUZ AÑADE OTRA FUENTE DE PRESIÓN
La crisis económica tampoco puede separarse de la situación estratégica en el estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del planeta.
La guerra ha provocado una fuerte alteración del tráfico marítimo en la zona y ha incrementado el riesgo para los buques comerciales. Irán ha utilizado su posición estratégica en el estrecho como instrumento de presión, mientras Estados Unidos ha incrementado sus operaciones para garantizar la navegación y hacer cumplir sus restricciones.
Esto crea un problema adicional para Irán: cuanto mayor sea la tensión militar en el Golfo, mayores pueden ser los costos sobre el comercio, las exportaciones energéticas, el transporte marítimo y la inversión.
Al mismo tiempo, cualquier interrupción prolongada del tráfico por Ormuz puede tener consecuencias internacionales, especialmente para los mercados petroleros.
TEHERÁN AMENAZA CON RESPONDER
El gobierno iraní ha rechazado las amenazas estadounidenses y ha advertido que cualquier escalada económica tendrá consecuencias.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmail Baghaei, afirmó que Teherán mantiene las manos libres para responder a nuevas medidas de presión.
Las autoridades iraníes también han intentado demostrar que cuentan con alternativas para reducir el impacto de las sanciones, mediante relaciones comerciales con países como China y otros socios que no participan plenamente de la estrategia estadounidense.
Sin embargo, la capacidad de Irán para sortear las sanciones no significa que estas carezcan de efectos. Después de décadas de restricciones, el país ha desarrollado mecanismos para comerciar mediante intermediarios, utilizar monedas alternativas y recurrir a redes financieras paralelas. Pero esos mecanismos suelen ser más costosos, menos transparentes y menos eficientes que el acceso normal al sistema financiero internacional.
¿ESTÁ IRÁN AL BORDE DEL COLAPSO?
La expresión “colapso del régimen”, utilizada por funcionarios estadounidenses y por Donald Trump, debe interpretarse como una valoración política, no como una conclusión económica demostrada.
La depreciación del rial es una señal extremadamente negativa, pero una moneda debilitada no implica automáticamente que un gobierno vaya a caer.
Irán conserva importantes fuentes de ingresos, recursos energéticos, estructuras estatales y mecanismos para controlar la economía interna. Además, el gobierno puede imponer controles cambiarios, limitar determinadas importaciones, utilizar reservas disponibles y recurrir a mecanismos comerciales alternativos.
El verdadero riesgo reside en que la combinación de inflación, pérdida del poder adquisitivo, desempleo, escasez, restricciones comerciales y guerra termine provocando un deterioro social que el Estado tenga cada vez más dificultades para contener.
EL CÍRCULO VICIOSO QUE ENFRENTA IRÁN
La crisis puede resumirse en varios factores que se retroalimentan:
Sanciones internacionales: dificultan el acceso de Irán a capital, tecnología y mercados.
Caída del rial: encarece las importaciones y reduce el poder adquisitivo.
Inflación: disminuye el valor real de los salarios y ahorros.
Fuga hacia el dólar y el oro: aumenta la demanda de activos considerados refugio.
Guerra: destruye actividad económica y aumenta el riesgo para el comercio.
Restricciones marítimas: dificultan las exportaciones y las importaciones.
Suspensión del comercio con Emiratos: elimina uno de los principales canales comerciales iraníes.
Nuevas sanciones estadounidenses: amenazan con reducir todavía más las fuentes de divisas.
Pérdida de confianza: amplifica todos los problemas anteriores.
El peligro es que estos elementos no actúen de manera independiente, sino que se refuercen mutuamente.
UNA CRISIS ECONÓMICA CON CONSECUENCIAS GEOPOLÍTICAS
La caída del rial representa, por tanto, algo más profundo que una simple fluctuación monetaria.
Para Irán, el acceso a dólares significa capacidad para importar, financiar empresas, pagar bienes estratégicos y mantener funcionando sectores esenciales de la economía. Si la disponibilidad de divisas disminuye mientras aumenta la demanda interna de dólares, la presión sobre el rial puede continuar.
Para Estados Unidos, la moneda se ha convertido en una herramienta de presión geopolítica. Washington busca aprovechar la centralidad del dólar para obligar a terceros países a elegir entre mantener relaciones económicas con Irán o conservar un acceso privilegiado al sistema financiero estadounidense.
Para los países del Golfo, la crisis representa un dilema diferente: necesitan preservar sus relaciones comerciales y su estabilidad económica, pero también evitar convertirse en objetivos de la confrontación entre Washington y Teherán.
Y para los ciudadanos iraníes, la cuestión es mucho más inmediata: cuánto podrán comprar mañana con el dinero que tienen hoy.