En estos tiempos los alumnos le faltan al respeto a los maestros, no nada más con insultos sino con agresiones personales. Y pasa bien poco. Incluso hay padres que van y se pelean con el profesor porque le llamó la atención a su hijo desordenado. No es fácil ser profesor en estos días, hay quienes padecen estrés crónico y depresión laboral.
Yo no estudié la carrera de maestro, soy abogada, pero una buena parte de mi vida profesional la tuve en la academia, y constituye un espacio luminoso de mi vida, inolvidable, enriquecedor. Impartí cátedra a nivel preparatoria y licenciatura y por ello conozco el hermoso oficio de transmitir conocimientos, pero sobre todo, de mostrarle a los jóvenes de lo que son capaces. Cada persona tiene talento, y el maestro que se encarga a carta cabal de que lo descubran y lo alimenten, es toda una experiencia. Es de las cosas más bellas que te pueden pasar.
La educación infantil y la primaria, tienen un papel muy relevante en la en la formación de individuos desde que son pequeñitos. En esta etapa se asientan las bases para un aprendizaje continuo y se cultivan las habilidades cognitivas emocionales y sociales que los acompañarán por el resto de sus vidas Una educación de calidad en estos primeros años es esencial para tener adultos comprometidos con la comunidad de la que son parte.
La educación en el siglo XXI debe de ser inclusiva, sin distingo de raza, clase socioeconómica, género o habilidades diferentes. La educación inclusiva es un instrumento fabuloso para combatir la exclusión social y edificar una sociedad más igualitaria. Educar en la equidad fortalece la diversidad y el respeto por las diferencias, a más de que promueve el desarrollo integral de todos.
Durante mis años de docencia, les pedía a mis alumnos que formaran equipos de cuatro para exponer tema, podían llevar grabada su presentación que se proyectaba en la pantalla, y ellos eran, con base a un temario los que explicaban la clase, mi papel no fue el del maestro inquisidor, ni de nomás yo hablo y ustedes escuchan. Actué como guía, moderadora, explicaba a más profundidad si era necesario. Mi clase era algo vivo, lo sentíamos todos, mis alumnos y yo. Los impulsaba a prepararse, a descubrirse cualidades que ni sospechaban que poseían. Me encantaba ver la mirada de sus ojos brillantes, la emoción de exponer reflejada en sus rostros, argumentar con elementos contundentes, reconsiderar en lo que a ojos vistas debía de hacerse.
En el siglo XXI la educación se centra en el alumno, se basa en el desarrollo de competencias, el pensamiento crítico y la creatividad. Esos son los tres ingredientes que la definen. Adiós a la memorización, a recitar como perico definiciones, es relevante preparar a los futuros ciudadanos para que aprendan a responder con la cabeza entornos inciertos y sujetos a cambios constantes.
En estos tiempos la educación debe estar al día, sincronizada con los cambios y los desafíos de una época en que todo va tan de prisa que a los humanos se nos va perdiendo la noción de lo que somos. Nosotros fuimos diseñados para vivir en comunidad, y esa comunidad en este siglo sufre cambios vertiginosos, de ahí la importancia de la adquisición de habilidades claves, la resolución de problemas, la adaptabilidad y la colaboración. Un mundo globalizado demando un modelo educativo de esta envergadura.


2 months ago
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