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La guerra por la narrativa

1 month ago 5

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No se trata de una disputa, de una lucha convencional del gobierno y su presidenta por el control de la narrativa, lo que mueve dos asuntos que convergen en lo mismo: regular el derecho de las audiencias y la presentación de la lista de los enemigos del régimen. La razón que subyace en ambos asuntos es dirimir la narrativa en términos bélicos.

No es una disputa convencional. De hecho, todo gobierno se empeña en prevalecer en su visión del pasado, presente y porvenir; en términos bélicos porque las autoridades plantean el exterminio; eliminar al enemigo o llevarle a la rendición. Regular las audiencias concede al gobierno la potestad no sólo para imponer su verdad, sino para sancionar al disidente a manera de disuadir toda forma de resistencia. La autoridad se arroga la condición de última instancia, en términos prácticos, la única, como en materia electoral; el antes es irrelevante; define y manda quien tiene la última palabra.

Guerra porque el régimen político parte de la negación de la coexistencia política, de la pluralidad y del derecho a la crítica. No es gratuito que el argumento fundamental de ahora se asocie a la defensa de la soberanía, y al adversario, de manera recurrente, se le califique traidor a la patria. Vale advertir que tal condición el régimen no la emplea con los criminales asociados al narco, tampoco con los correligionarios en connivencia con el crimen organizado. La lista de los enemigos ha sido uno de los capítulos más desafortunados del obradorismo.

No fue un desliz de la consejera jurídica; todo apunta a una decisión procesada en el círculo más cercano de la presidenta Sheinbaum. Si se toma con cuidado la explicación de Luisa María Alcalde, refiere a un “nado sincronizado”, como suelen decir los del gobierno, que por igual involucra medios y periodistas de la más diversa posición editorial, pero que tienen en común su condición de ser independientes del régimen político. También involucra, en una segunda etapa, a políticos, organizaciones y líderes de opinión que reproducen y recrean el ataque, para finalmente llegar al espacio de los bots que, a partir del dinero en el ámbito digital, crean la falsa narrativa adversa al gobierno, porque para el régimen toda crítica es falsa, manipulada, artificial.

El régimen tiene una visión de sí mismo, de la realidad y del mundo. Por ejemplo, asuntos tan absurdos e insostenibles como que la actitud positiva de Trump hacia el gobierno mexicano, pero se convierte en víctima de la extrema derecha y de colaboradores que se comportan como pandilla. Esto es consecuente con excesos como que el sistema de salud está a la altura del de Dinamarca o que México es el país más democrático del mundo.

López Obrador dice que la presidenta Sheinbaum es la mejor del mundo y ella le corresponde con que el expresidente ha sido el más grande y mejor en la historia. El autoelogio y la reafirmación de la supuesta virtud carecen de límites. Cualquier postura diferente pasa a la condición de enemigo y potencial traidor a la patria. De eso se trata la lista de indeseables difundida por el gobierno, de responsables de sembrar la discordia y la negación de la proeza en curso.

El autoritarismo asume como única verdad la que el poder suscribe. El empeño deriva en fascismo o totalitarismo cuando se emprenden acciones de autoridad para sancionar a quien disiente. En esta segunda etapa del obradorismo, las instancias judiciales son el recurso de la represión, sea el Tribunal Electoral o, de manera ruda y dura, a través de la FGR y la justicia penal por consigna. No se trata de atacar a todos y a todo; la lista tiene su lógica: aludir a unos para que todos los demás entiendan. Lógica autoritaria propia del totalitarismo: el control absoluto de la narrativa.

El régimen va perdiendo la guerra. Para advertirlo basta comparar los términos de consenso hace seis o tres años. La impunidad y sus efectos han fracturado el piso moral que sostenía al régimen. No hay manera de contener, mucho menos evitar, el creciente escrutinio crítico al gobierno y su desempeño. Evidencia abrumadora, a la vez que resultados claramente adversos en prácticamente todos los planos.

Por eso el músculo autoritario se impone como respuesta ante la ineficacia creciente de la propaganda y las fracturas en la coalición gobernante, resultado de la embestida judicial del gobierno norteamericano.

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Licenciado en Derecho Facultad de Jurisprudencia UAC. Maestría y Estudios de Doctorado en Gobierno por la Universidad de Essex, Inglaterra.

Ha sido Catedrático en el ITAM; en el ITESM; en el CIDE; y en la Universidad Anáhuac.

En 1997 a 2000 titular de la Asesoría Política en la Presidencia del doctor Ernesto Zedillo.

Desde 2005 director general del Gabinete de Comunicación Estratégica

Columnista Juego de Espejos en Milenio Diario, Bloomberg-El Financiero y en SDP Noticias, Código Libre y en la Revista Peninsular. Coautor de varios textos en materia electoral y estudios históricos.

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