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La recta final de la temporada 2026 de la MLB tiene una carrera tan extraña como llamativa. Kyle Schwarber, de los Phillies de Filadelfia, y Colson Montgomery, de los White Sox de Chicago, están peleando por acercarse a un récord que ningún bateador presume con orgullo: el de más ponches en una sola campaña.
De acuerdo con los registros estadísticos disponibles este domingo, ambos aparecen con 216 ponches, a solamente siete del récord de 223 que Mark Reynolds estableció con los Diamondbacks de Arizona en 2009.
La peculiaridad de esta historia es que ninguno de los dos llegó hasta ahí por falta de poder. Todo lo contrario. Schwarber ha conectado 45 cuadrangulares, mientras que Montgomery suma 31, una combinación que refleja la filosofía ofensiva que se ha consolidado en el beisbol moderno: buscar el batazo de largo alcance aun cuando eso implique aumentar el riesgo de poncharse.
El contraste también resulta interesante porque Montgomery está viviendo una etapa mucho más temprana de su carrera. El jugador de Chicago todavía está construyendo su experiencia en las Grandes Ligas y su temporada 2026 representa un proceso de aprendizaje al más alto nivel.
La creciente cantidad de ponches no puede explicarse únicamente por decisiones de los bateadores. El beisbol de las últimas temporadas también ha visto una evolución importante del pitcheo, con lanzadores capaces de combinar velocidad, rompientes y una mayor especialización de los relevistas.
Al mismo tiempo, los equipos han aceptado con mayor naturalidad que un bateador puede fallar muchas veces si sus contactos exitosos producen carreras. Un cuadrangular, un extrabase o una conexión capaz de cambiar un partido pueden compensar estadísticamente varios turnos improductivos.
Los números históricos reflejan esa transformación. Adam Dunn terminó con 222 ponches en 2012, James Wood con 221 en 2025, Chris Davis con 219 en 2016 y Elly De La Cruz con 218 en 2024.
Es decir, el récord de Reynolds ya no aparece aislado. En los últimos años varios bateadores han alcanzado o se han aproximado a las 220 ponches, una zona que durante décadas era extraordinaria.
UNA CARRERA CONTRA EL CALENDARIO
Con la temporada regular acercándose a su final, Schwarber y Montgomery necesitan solamente siete ponches para igualar los 223 de Reynolds. Si alguno llega a 224, habrá una nueva marca histórica de ponches para un bateador en una temporada de Grandes Ligas.
Pero la situación todavía puede cambiar de un juego a otro. El domingo, por ejemplo, Schwarber recibió cuatro bases por bolas ante los Mets y no se ponchó, por lo que su cifra no aumentó durante ese encuentro.
Montgomery, por su parte, sigue condicionado por la situación de su muñeca y por las decisiones que tome Chicago en esta última parte del calendario.
Lo paradójico es que cualquiera de los dos podría terminar la temporada con una de las cifras más altas de ponches jamás registradas y, al mismo tiempo, con números de poder que expliquen por qué continúa siendo parte fundamental de la alineación.
El récord de Mark Reynolds permanece en 223, pero ahora tiene a dos perseguidores prácticamente a la misma distancia. Schwarber y Montgomery están a siete ponches de una marca histórica, aunque seguramente preferirían que su nombre apareciera en los libros de récords por la cantidad de cuadrangulares y carreras producidas.
La respuesta llegará en los últimos juegos de la campaña. Cada aparición en el plato tendrá un doble significado: puede terminar en otro batazo que confirme el poder de estos sluggers o en un ponche que los acerque todavía más a una marca que, paradójicamente, nadie sale a buscar.
EL RÉCORD QUE PARECÍA INALCANZABLE
Durante años, los 223 ponches de Mark Reynolds parecieron una cifra extremadamente difícil de superar. El entonces jugador de Arizona llegó a ella en 2009, después de poncharse 204 veces el año anterior, y estableció una marca que permanece vigente.
La cercanía de Schwarber y Montgomery resulta todavía más llamativa porque James Wood terminó 2025 con 221 ponches, apenas dos menos que Reynolds. Con ello, los últimos dos años han colocado a varios bateadores en una zona estadística que durante mucho tiempo parecía reservada para casos excepcionales.
Schwarber, además, no es ajeno a este territorio. Ya había terminado 2023 con 215 ponches, una cifra que se encuentra entre las más altas registradas en una temporada. Su estilo agresivo frente al plato vuelve a colocarlo en la conversación histórica.
El caso del toletero de Filadelfia resume perfectamente esa transformación. Schwarber se convirtió en el primer jugador de MLB en alcanzar 40 jonrones durante la temporada 2026, y posteriormente elevó su cuenta hasta 45 cuadrangulares, cifra con la que se mantiene entre los líderes de las Grandes Ligas.
Ese poder tiene un costo evidente. El swing de Schwarber está diseñado para buscar contacto fuerte y extrabases, pero cuando no encuentra la pelota, el resultado suele ser un tercer strike. En 2026, esa combinación lo mantiene simultáneamente entre los principales productores de jonrones y entre los bateadores con más ponches.
Para los Phillies, sin embargo, el valor de Schwarber no puede reducirse a la cantidad de veces que se poncha. Su producción ofensiva sigue siendo una parte importante del ataque de Filadelfia y su capacidad para cambiar un partido con un solo batazo explica por qué el equipo acepta el riesgo inherente a su estilo.
MONTGOMERY, ENTRE EL BATE Y LA MUÑECA
El escenario de Colson Montgomery tiene un ingrediente adicional. El jugador de los White Sox sufrió recientemente una contusión en la muñeca izquierda y se perdió el encuentro del jueves, aunque regresó a la alineación el viernes.
La situación física puede influir directamente en esta peculiar carrera estadística. Cada turno al bat puede acercarlo al récord, pero también una ausencia puede detener momentáneamente su acumulación de ponches.
Montgomery ha combinado 31 cuadrangulares con 216 ponches, una muestra de la agresividad que caracteriza su temporada. Sus números ofensivos son diferentes a los de Schwarber, pero comparten una característica: ambos están dispuestos a asumir un elevado número de ponches a cambio de generar poder.
El contraste también resulta interesante porque Montgomery está viviendo una etapa mucho más temprana de su carrera. El jugador de Chicago todavía está construyendo su experiencia en las Grandes Ligas y su temporada 2026 representa un proceso de aprendizaje al más alto nivel.
La creciente cantidad de ponches no puede explicarse únicamente por decisiones de los bateadores. El beisbol de las últimas temporadas también ha visto una evolución importante del pitcheo, con lanzadores capaces de combinar velocidad, rompientes y una mayor especialización de los relevistas.
Al mismo tiempo, los equipos han aceptado con mayor naturalidad que un bateador puede fallar muchas veces si sus contactos exitosos producen carreras. Un cuadrangular, un extrabase o una conexión capaz de cambiar un partido pueden compensar estadísticamente varios turnos improductivos.
Los números históricos reflejan esa transformación. Adam Dunn terminó con 222 ponches en 2012, James Wood con 221 en 2025, Chris Davis con 219 en 2016 y Elly De La Cruz con 218 en 2024.
Es decir, el récord de Reynolds ya no aparece aislado. En los últimos años varios bateadores han alcanzado o se han aproximado a las 220 ponches, una zona que durante décadas era extraordinaria.
UNA CARRERA CONTRA EL CALENDARIO
Con la temporada regular acercándose a su final, Schwarber y Montgomery necesitan solamente siete ponches para igualar los 223 de Reynolds. Si alguno llega a 224, habrá una nueva marca histórica de ponches para un bateador en una temporada de Grandes Ligas.
Pero la situación todavía puede cambiar de un juego a otro. El domingo, por ejemplo, Schwarber recibió cuatro bases por bolas ante los Mets y no se ponchó, por lo que su cifra no aumentó durante ese encuentro.
Montgomery, por su parte, sigue condicionado por la situación de su muñeca y por las decisiones que tome Chicago en esta última parte del calendario.
Lo paradójico es que cualquiera de los dos podría terminar la temporada con una de las cifras más altas de ponches jamás registradas y, al mismo tiempo, con números de poder que expliquen por qué continúa siendo parte fundamental de la alineación.
El récord de Mark Reynolds permanece en 223, pero ahora tiene a dos perseguidores prácticamente a la misma distancia. Schwarber y Montgomery están a siete ponches de una marca histórica, aunque seguramente preferirían que su nombre apareciera en los libros de récords por la cantidad de cuadrangulares y carreras producidas.
La respuesta llegará en los últimos juegos de la campaña. Cada aparición en el plato tendrá un doble significado: puede terminar en otro batazo que confirme el poder de estos sluggers o en un ponche que los acerque todavía más a una marca que, paradójicamente, nadie sale a buscar.